En medio de juegos, aprendizajes y mucha emoción, un centenar de niños y niñas vivió una jornada diferente en Quevedo. Cada uno recibió una mochila cargada de útiles escolares, pero lo que realmente se llevaron fue un impulso para seguir soñando y aprendiendo.
Más allá de los materiales, este encuentro fue una oportunidad para sembrar valores y conciencia ambiental. Con actividades lúdicas y mensajes claros, los niños entendieron por qué es tan importante cuidar el planeta desde ahora.
La Fundación, junto con el cariño y compromiso de la Dra. María Luisa Piraquive, los donantes y muchas manos generosas, hizo posible que esta actividad dejara huellas de esperanza en cada corazón.














